En los años '80 el Pontiac Fiero conquistaba a los amantes del Coche Fantástico. Hasta que mirabas su motor

Pontiac Fiero
Pontiac Fiero

El Pontiac Fiero fue un intento de construir un rival del Toyota MR2 que estuvo lastrado por las limitaciones impuestas por la empresa matriz (GM) desde el primer momento.

Los deportivos con diseño de cuña siempre han sido objeto de deseo entre los que crecieron en la década de 1980. Se puede decir que esa fue la época de este tipo de vehículos, donde más opciones había en el mercado y más fácil era encontrar un coche que se adaptara a tus preferencias. El Pontiac Fiero fue uno de ellos, una apuesta de General Motors que estuvo condicionada desde el primer momento y que acabó siendo un fracaso, entre otras cosas, por su motor.

En 1978, Pontiac decide poner en marcha el desarrollo de un deportivo de motor central y tracción trasera, un rival natural del Toyota MR2 cuyo diseño estaba orientado a revolucionar el mercado de coches deportivos en Estados Unidos. El ‘Proyecto Pegasus’, como se le llamó a la carpeta que acabaría dando forma al Fiero, inicia su andadura marcado por una serie de condicionantes impuestos por parte de la empresa matriz, GM.

Un proyecto condenado al fracaso desde el principio

Y es que por aquel entonces GM ya tenía al Chevrolet Corvette C4 como el deportivo estrella de su gama de productos, por lo que el Pontiac Fiero no podía estar a la altura de éste, y mucho menos ser un rival, por lo que la compañía posicionó al Fiero un peldaño (o varios) por debajo del Corvette desde un principio.

Al frente del proyecto se situó Hulki Aldikacti como diseñador jefe, quien tuvo que ingeniárselas con lo que disponía para ensamblar un coche. La partida presupuestaria fue pequeña, unos 400 millones de dólares, lo que truncaba los sueños del Hulki de instalar un motor V6 en el Fiero. En lugar de ello, Pontiac acabó equipando una unidad de cuatro cilindros en línea.

Pontiac Fiero
Pontiac Fiero

El motor LR8, conocido como ‘Iron Duke’, era un bloque de cuatro cilindros y aspiración natural con 2.5 litros de cilindrada que a duras penas llegaba a los 100 CV de potencia con un par motor de 182 Nm. Pontiac asoció el motor, que estaba ubicado en posición central, a una caja de cambios manual de cuatro velocidades o, como alternativa, una transmisión automática de tres relaciones.

El resultado era un coche que necesitaba más de 11 segundos para llegar a los 100 km/h desde parado, con una velocidad máxima cifrada en apenas 170 km/h. Esto alejaba mucho al Pontiac Fiero del concepto de deportivo con el que había nacido el proyecto. Más tarde, los responsables de la marca reemplazaron la caja manual de cuatro velocidades por una de cinco relaciones de origen Isuzu.

La versión V6 no mejoraba lo que ya había

Su llegada al mercado no fue del todo mala. De hecho, Pontiac logró vender unas 137.000 unidades del Fiero en su primer año de vida comercial, en 1984. La marca prometió que en 1985 llegaría una versión V6, aunque esto no impidió que las ventas se desplomaran estrepitosamente hasta que en 1988 fue oficialmente descatalogado.

No obstante, el Pontiac Fiero finalmente tuvo una versión con motor V6. Se trataba del bloque L44 de 2.8 litros y aspiración natural que rendía 145 CV de potencia y que ofrecía un par motor de 230 Nm. Evidentemente, seguía muy alejado del concepto de deportivo a nivel prestacional. Equipaba un cambio manual de cuatro velocidades que más tarde fue reemplazado por una caja Getrag de cinco relaciones. También había una versión con cambio automático de tres marchas.

Si hablamos de prestaciones, el Fiero V6 seguía dejando mucho que desear. Pasaba de 0 a 100 km/h en unos 8,5 segundos y su velocidad máxima apenas superaba los 200 km/h. Esto, comparado con el Corvette, hacían del deportivo de Pontiac un simple utilitario, incluso con el motor de seis cilindros.

Un popurrí de piezas compartidas

Pontiac Fiero
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Al Fiero no le ayudó tampoco que el motor LR8 de cuatro cilindros en línea fuera propenso a incendiarse, algo que sucedía porque estaba equipado con un cárter de aceite más pequeño para ahorrar espacio y acomodar los componentes mecánicos en posición central. Esto provocaba sobrecalentamiento que, ayudado de una lubricación deficiente, acaba con el coche en llamas. El V6 redujo este problema, aunque el daño ya estaba hecho.

Por otro lado, el Pontiac Fiero fue ensamblado a base de reutilizar piezas y componentes de otros vehículos de GM. La marca instaló la suspensión delantera del Chevrolet Chevette, así como la geometría de la suspensión y los frenos. La suspensión trasera provenía del Oldsmobile Omega, e incluso los retrovisores, los tiradores de las puertas y los faros eran de otros productos del grupo.

En el interior también ocurría. Pontiac tuvo que recurrir a piezas de otros modelos, como el volante o los interruptores, que venían del Chevrolet Cavalier y el Pontiac Firebird, mientras que el panel de instrumentos y los controles de la climatización los compartía con el Pontiac Sunbird y el Chevrolet Citation. En 1988, el Fiero fue descatalogado sin jamás llegar a conocer un reemplazo generacional.

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